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La prueba de efluentes en sistemas de alcantarillado puede actuar como una prueba COVID-19 para toda una población a la vez, no sólo un individuo.

Los investigadores esperan que los resultados puedan proporcionar orientación sobre la sincronización de las directivas de quedarse en casa y otras precauciones

La epidemiología basada en efluentes (WBE, por sus siglas en inglés) es el monitoreo y análisis de los efluentes en sistemas de alcantarillado para obtener información epidemiológica. La práctica ya ha demostrado ser útil a lo largo de los años. Por ejemplo, proporcionó la detección temprana de un brote de poliomielitis en el 2013 en Israel y ya es una herramienta aceptada para monitorear el consumo legal e ilegal de drogas en una población. Se espera que la lista de usos de WBE se agrande para incluir una amplia gama de enfermedades, exposiciones a sustancias y los efectos de los aumentos de temperatura. Pero en este momento se está discutiendo en el contexto de la pandemia COVID-19, con más de una docena de equipos de investigación en todo el mundo realizando pruebas en efluentes para SARS-CoV-2 RNA viral.

Muestreo Comunitario

WBE se muestra optimista en la lucha contra COVID-19 por varias razones. Aunque hay algunos datos contradictorios, un estudio del MIT ha demostrado que el virus que causa la enfermedad es más fácil de detectar en los sistemas de alcantarillado que el virus de la gripe porque se excreta más virus por persona.

La prueba de efluentes en sistemas de alcantarillado también puede actuar como una prueba COVID-19 para toda una población a la vez, no sólo un individuo. La profesora de la Universidad de Michigan Krista Wigginton, que está trabajando en un proyecto WBE de la Universidad de Stanford, explicó: “Es la mezcla perfecta […] Se tienen muestras de toda la comunidad al mismo tiempo”.

Aunque probar al azar a individuos en áreas muy pobladas puede proporcionar un panorama bastante preciso de la prevalencia de la enfermedad, el desarrollo de una muestra lo suficientemente grande se vuelve problemático en áreas menos pobladas y WBE podría compensar el período de poca actividad. Si bien algunos dudan de la utilidad de la WBE en la lucha contra COVID-19, podría ser mucho más barato que las pruebas clínicas y el rastreo de contactos.

Pueden transcurrir hasta 14 días después de la infección para que aparezcan los síntomas de COVID-19, pero ahora se sabe que la evidencia de la enfermedad es comprobable en efluentes solo tres días después de que ocurra la infección. Debido al largo período de incubación de la enfermedad, WBE puede permitir la detección de brotes de COVID-19 mucho antes de que las víctimas presenten síntomas. Los hallazgos podrían proporcionar orientación en tiempo real sobre si las reaperturas son oportunas o prematuras y ya se están desarrollando las pruebas simplificadas.

Aunque la aplicación de COVID-19 WBE todavía está en sus etapas iniciales, ha habido desarrollos prometedores:

  • Un estudio holandés detectó la enfermedad en los efluentes poco después de que fuera detectada de manera tradicional por los profesionales de la salud.
  • Un programa WBE ya ha sugerido que un área metropolitana no divulgada en Massachusetts tiene exponencialmente más casos COVID-19 que los 500 indicados por pruebas individuales.
  • Los programas WBE franceses y australianos también han detectado la enfermedad.

La esperanza ahora es que la WBE ayude a detectar y prevenir las sucesivas olas del virus mientras el mundo espera la inmunidad colectiva, tratamientos, vacunas y pruebas individuales para dominar la situación. Sin embargo, la cantidad promedio de virus excretado por persona sigue siendo menos segura de lo que debe ser para hacer proyecciones precisas.

El profesor del MIT Eric Alm dijo que él y su equipo ahora pueden monitorear la información de aguas residuales de 150 plantas de tratamiento de efluentes en Estados Unidos para una cobertura del 10% de la población y está planeando hacer crecer el programa para incluir 1.000 municipios dentro de aproximadamente un mes.

El Dr. Paul Bertsch, que generalmente utiliza WBE en Australia como una herramienta de aplicación de la ley, ha sugerido que los epidemiólogos se acerquen a los organismos encargados de hacer cumplir la ley que ya utilizan WBE para detectar drogas ilegales y así aprovechar su experiencia.

Aunque a los científicos les preocupa que no se recopile suficiente información para hacer predicciones precisas hasta después de que las medidas de distanciamiento social y los bloqueos hayan terminado, está claro que la tecnología WBE ha entrado en la vía rápida.