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En las favelas de Brasil, generalmente construidas sin planificación ni sistemas de alcantarillado cohesivos, puede ser casi imposible mantener el lavado de manos y otras prácticas higiénicas a gran escala.

La falta de infraestructura básica de agua y saneamiento en las favelas está amenazando a las medidas de higiene para detener la pandemia

Brasil es la quinta nación más grande del mundo en términos de su población de 210 millones de habitantes y su vasta área de 3.287.597 millas cuadradas (8.514.837 km2). Tiene la octava economía más grande en el planeta, y la ciudad San Pablo tiene el mayor PBI de toda ciudad en el hemisferio sur.

Conocido por sus playas, música y bailes, Brasil también es un gran exportador de petróleo, minerales y productos agrícolas, incluyendo un tercio del suministro mundial de café. En 2012, Brasil tenía 20.850 millas cuadradas (54.000 km2) de tierra de regadío, y es el hogar del río más grande del mundo, por volumen de caudal, el Amazonas.

Favelas, Agua y Saneamiento

El lema de Brasil se traduce como “Orden y Progreso”. La elegante arquitectura de sus centros urbanos es una imagen de orden y modernidad. Pero Brasil sigue atormentado por una marcada división económica. En la periferia de sus ciudades, las condiciones de los barrios marginales siempre han sido un problema en las favelas, o comunidades periféricas de bajos ingresos.

Ahora, en medio de la pandemia COVID-19, la falta de acceso al agua y saneamiento adecuados en favelas ha crecido como un problema potencialmente mortal. El fotoperiodista italiano Tommaso Protti, que cubre las primeras líneas de la pandemia en Brasil, describe la situación:

El problema del agua es central. Para combatir la enfermedad es necesario estar limpio, es necesario lavarse las manos, y el agua es algo que falta mucho en las periferias. A menudo no tienen agua durante varios días, no tienen agua para lavarse a sí mismos o para limpiar las casas. Pero esto es algo que ha estado presente para las personas que viven en las periferias desde siempre.

Las favelas son a menudo comunidades amplias construidas sin planificación o sistemas de alcantarillado cohesivos o tratamiento de efluentes, con tuberías que descargan aguas cloacales en el suelo cerca de edificios habitados. Los residentes almacenan agua en tanques si el agua entubada llega a todos, y el agua de lluvia es a veces la única fuente. Siendo el agua tan escasa, el lavado de manos “frecuente y apropiado” prescrito por la Organización Mundial de la Salud (OMS) se queda a medio camino.

Complicado por la escasez de información confiable, el COVID-19 ha saturado con frecuencia a los centros de salud. En Manaus, capital del estado de Amazonas, muchos residentes murieron sin darse cuenta de que tenían COVID-19 hasta que era demasiado tarde, y la ciudad recurrió a cavar fosas comunes. En el mejor de los sistemas, los prisioneros se enfrentan a riesgos elevados. Pero Brasil tiene el tercer mayor número de prisioneros en el mundo, que viven en condiciones de hacinamiento sin saneamiento.

Respuesta Brasileña ante la Demanda de Agua

A nivel estatal, Sabesp, la compañía estatal de servicios públicos de agua de San Pablo, concedió exenciones de pago de facturas de agua hasta mediados de agosto para 2 millones de clientes. A nivel nacional, en un voto aplastante, el Senado brasileño acaba de aprobar un proyecto de ley de gran envergadura para allanar el camino para la privatización de muchas Empresas públicas de agua de propiedad estatal brasileñas con la esperanza de atraer US$130 mil millones en capital de inversión para atender las necesidades de agua de unos 35 millones de brasileños.

En el lado de la oportunidad de la crisis, tal inversión privada a gran escala presenta oportunidades para Brasil un “salto” con tecnología de tratamiento de agua más reciente y más eficiente, algunos de los cuales se implementan de manera rápida y es compatible con espacios urbanos cercanos.

El senador Tasso Jereissati explicó lo siguiente:

Existen múltiples beneficios para la universalización de los servicios de agua y saneamiento para 2033. El saneamiento tiene un efecto multiplicador que crea empleos, salud, educación y mejora la vida de las personas.

La gente y la economía de Brasil podrían sufrir mucho más daño entre el presente año y 2033. En un escenario más grande, su crisis del agua es un recordatorio para el mundo de que tanto el tiempo como los recursos deben aplicarse para cumplir con los objetivos de planificación del agua y saneamiento antes de que llegue otra pandemia.